domingo, 15 de enero de 2012

Permiso de Circulación

Quizá me compre uno. Pero si así hago… ¿Lo sabré usar? Manejar los más grandes debe ser harto complicado. Me tengo que informar.

Quizá he de sacarme un permiso de circulación que desconozco. Esto está regulado. Desde luego para navegar por el Bronx, u otros barrios atestados de Nueva York, uno tendrá que tener algún tipo de control sobre lo que hace, o algún tipo de noción para no chocar sin remedio. ¡Seguro que hay cursos! La velocidad, es un gran riesgo. Ya lo dicen todas las campañas de tráfico.

Primero, he de estar fuerte, pues quienes no lo son, están abocados al fracaso; de eso estoy seguro. Si llevo gorra…Hmm… En realidad no sé si es preciso, pero si es así, cuanto menos, ha de conservar las pegatinas de autenticidad de la tienda. La visera: plana.

Los hay de todos los tamaños, y de varias formas, pero los pequeños no merecen la pena. Caballeros… ¡Atentos! Señoritas… ¡Cuidado! ¡Me voy a comprar un medallón!

He visto tantos, que me tienen intrigado. Los hay de oro o plata, gigantes, con el nombre incrustado en diamantes. Los hay en forma de cruz, que deben pesar lo menos como un paquete de arroz, y a veces pienso que estamos a punto de Semana Santa; y los hay originales, con forma de tableros de baloncesto, con aro y todo. ¡Y hasta con red hecha de cadenas diminutas que van meciéndose! Pero me da a mí… Me da a mí en el olfato de antropólogo inocente, que aunque en las tiendas venden quilates, con la transacción compran poder. Y estoy pensando, que para algunos, es el utensilio sustitutivo del gimnasio, pues para caminar con eso al cuello, o hacen pesas, o van incrementando el peso con el tiempo. Estoy seguro. No hay otra forma. 

Uno se ha de balancear de lado a lado, cual vaquero sin espuelas, y estoy convencido que es un ejercicio de equilibrio complicadísimo. Es más, seguro que si a alguno se le rompiese la cadena a destiempo, entraría en un estrépito a través de un escaparate. ¡Va a ser que quizá por eso las cadenas son tan gordas! Es una medida de seguridad, está claro.

Quizá entonces, comprarme un medallón es una aventura que implica demasiados riesgos.  Hmm… Vaya, pero también camino sin gorra, y balancearme de lado a lado como empujado por una brisa suave y alterna, no tiene el mismo estilo sin unos brillantes meciéndose a mi vera. Buaff, va a ser, que mejor me resigno y monto en bici.

I love NY.

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