Cuando la lectura aburre
hay que caminar, dejar los renglones del papel, para dar un salto a los
terrenales de la calle. Hoy, me he aburrido de leer, de seguir los caminos de
otro, de pensarlos, y de dejarme llevar por los derroteros de una imaginación
que no era la mía. Hoy, he preferido caminar yo. He preferido descubrir lo mío,
lo nuestro y lo de todos… y deambular dejándome llevar por las calles sin
rumbo, para encontrarlo sin saberlo, y terminar donde acabé. Me ha llevado…
seis horas. Con café, con descanso, con camino, con comida, y con descubrimiento
y viaje por nacer. Y es que he navegado entre culturas y lugares distantes,
paseando entre la diferencia de compartida similitud.
Sin saber cómo, los
vientos han virado mi rumbo por calles rebosantes de gentes con sombrero,
tirabuzón, y libros diferentes al mío. ¿Los podré leer? Inglés de acento complejo,
idiomas de lejanos lugares, pero cerca y a mi lado.
Nueva York sigue
sorprendiendo, y deambular por sus calles se convierte en viajes gratuitos por
los documentales de la 2. Hoy he estado por Europa del éste, o por Israel, o
por Brooklyn, qué se yo… Las mujeres llevaban faldas negras con blusas blancas,
y los hombres sobreros, que dicen los periódicos, son de Sevilla. ¡Qué cosas
tiene este mundo tan pequeño! ¿Y si me canto unas sevillanas? No. Eso yo no sé
si la ortodoxia judía quizás lo tomase con humor…
Y tras volver a salir del
éste sin visado, y adentrarme en las calles de un pasado industrial, he visto
cabezas moviéndose por una azotea de ladrillos rojos.- ¿Puedo entrar? –Sí- ¿Qué es esto?-Un hotel y un bar arriba.-Bien.-
Y en un abrir y cerrar las puertas de un moderno ascensor, estaba frente a
Manhattan, el Empire State, el edificio Chrysler y una puesta de sol digna del
Serengueti. Hoy escribo las lineas de mi libro yo, y los pasajes son vivencia para el
recuerdo en imaginación de otros.
I love NY. ¿Te vienes?