Estoy sentado en un banco de un parque espectacular, verde, e inmenso. Son las tres y cuarto de la tarde, exactamente. Me acabo de comer un sándwich de pavo, queso fundido, y varias hojas también verdes. Con mostaza. Llevo dentro un café con hielo, pequeño para un americano, gigante para mí; Y leo tranquilo el caso del Pequeño Hans. Mientras, juegan en la distancia otras infancias, al béisbol. Leo en mi nuevo libro electrónico, con el que me he hecho hace pocos días. Su tapa es azul.
Vibra mi móvil. Es un mensaje. Ana. Estamos acordando dónde encontrarnos en unas horas, y estoy tecleando. Oigo pasos ligeros sobre el césped a mi espalda. Más cerca, más cerca... despacio... y en el mismo momento que estoy girando mi cabeza, estoy pensando que es alguien que conozco, con intención de asustarme gracioso... o la misma Ana. Pero en el suave giro de mi cuello hacia atrás, veo, igual de suave, una mano negra pasar hacia delante. Aun no tengo amigos de tez así aquí. Es un desconocido, y mientras mi mano izquierda comienza a apretar los lados del móvil, para agarrarlo, la desconocida lo arranca veloz, y queda mi brazo extendido hacia la espalda de un individuo que corre. Me han robado.
Sin darme cuenta, ya estoy tras él, disparado; mi libro electrónico agarrado precario en mi mano izquierda, mi monedero agitándose en el bolsillo del pecho de mi chaqueta, y mis pies corriendo desorbitados tras él.
Mira hacia atrás; yo no ceso de mirar hacia delante. Estoy a cuatro ó cinco metros. No le alcanzo. Aprieto el paso, fuerzo los músculos, me inclino más, y noto como aumenta el latido de mi corazón. Me falta el aliento. Cojo aliento. Me urjo a la carrera, y pienso si merece la pena. No merece la pena... ¡Pero he pagado un dineral por él! ¡Es una injusticia! ¡Sí merece la pena! No quiero sentir la pena. ¿Cuál es la pena?
Mira otra vez hacia atrás, y corriendo con el móvil en su mano derecha, hace ademán de estrellarlo contra el suelo, y en un grito mutado por la frustración dice: "¡Como me...! ¡Lo estrello!". Yo pienso, como un relámpago, como lo estrelles, sí que voy a por tí, que el móvil ya no servirá. No digo nada. Sigo corriendo. No consigo alcanzarle. Tampoco se consigue alejar. Cada paso mío, casi un salto hacia delante. Siento, a cada zancada, estrellarse el suelo contra mis dolidos pies envueltos de una suela plana. No son zapatos aptos para correr, y pienso: Where oh where are my running shoes?
¡Lanza algo al aire! Son folletos. La carrera prosigue. Cruzo trechos de césped, y asfalto. Se me ocurre, en el instante que hace por subirse un poco el pantalón, que quizás esté corriendo tras alguien con un cuchillo... o algo peor. Ojo, Tomás... que eso sí que no merece la pena.
Empieza a gritar. "¡Me ha robado el móvil! ¡Me ha robado el móvil!" Es una incongruencia muy visual... Él corre con un mi móvil en la mano, y yo le persigo obcecado.
Tan pronto como he empezado, mis piernas claudican, y grito a una pareja para que le paren, pero asustados, se apartan. Debemos llevar trescientos metros. En tres pasos estoy parado, doblegado, y recuperando el aliento. El sándwich de pavo, el queso fundido, las hojas verdes, y el tanque de café, palpitan también muy presentes en mi interior.
Levanto la mirada. Está igual que yo. ¡Se ha parado también! Sin pensarlo, llego a él en tres zancadas, y en un instinto, le he agarrado con vehemencia la muñeca izquierda, que no lleva nada. Mejor una introducción sin más sorpresas. Él sigue en un grito; "¡Me ha robado el móvil!". Le aprieto con fuerza, y comienzo a retorcer. Me pongo muy serio. Mis ojos deben ser del color del fuego; mi voz, como el hielo. "Dame... mi... jodido... teléfono."
Mira mi mano izquierda, que aun sigue agarrando mi libro electrónico. Me doy cuenta. Hoy no vas a tener suerte amigo. Repito mis palabras severas, sin retirar mis ojos clavados en los suyos. Le arranco el teléfono de la mano, y le aparto. Se marcha gritando entre la maleza que le he robado. Yo le animo a llamar a la policía. El resto miran. Lo mío, vuelve a serlo. Camino agotado al encuentro de un banco, pero ahora en otro lugar.
I love NY.

Ooooooooooooo
ResponderEliminarleeeeeeee